domingo, 30 de enero de 2011

Soy indeciso....o no lo soy?

Tomar decisiones nunca ha sido mi fuerte. Para cualquier tontería siempre le doy mil vueltas antes de tomar una decisión. Soy un Ysi ¿Y si luego encuentro algo mejor y más barato? ¿Y si cuando llegue a casa ya no me gusta? ¿Y si...?

Cuando te enfrentas a una casa nueva, has de tomar muchas decisiones, y el mayor problema en mi caso es que las tengo que tomar YO SOLITO. Es mucho más fácil cuando las decisiones se toman en pareja: los indecisos tendemos a delegar en la otra parte y decir que sí a todo. Al fin y al cabo, y si luego no funciona, la culpa no es tuya. Postura egoísta donde las haya, pero muy práctica.

El sábado temprano fui a mi piso para echar un vistazo en general y tomar nota de lo que me iba a hacer falta, y decidí que era un buen momento para ir a mirar electrodomésticos. Una tele y un frigorífico, para ser más exactos, ya que este último que me dejaron carece de congelador. Miré, y miré...en una tienda, en otra...pregunté, me informé...y volví a casa con la picha hecha un lío. ¿Tele de 24 o 32 pulgadas? ¿De marca buena y más caro o me apaño con una marca blanca y me arriesgo a que me dure tres telediarios? ¿Frigorífico grande que no me cabe en la cocina y que tendría que poner en el salón o congelador aparte al que haría un hueco dentro?

El fin de semana que viene tomaré una decisión. O no. Ya veremos....

sábado, 29 de enero de 2011

Quizás ya iba siendo hora....

43 años, 10 meses y 24 días después de que mi madre tuviera a bien traerme a este mundo, he decidido por fin romper el cordón umbilical e independizarme. No, no me siento orgulloso de ello. Pero las circunstancias, unidas a mi habitual pereza a la hora de tomar decisiones han hecho que este momento se demore hasta ahora.

Y es que no es sencillo, para una persona soltera y casimileurista dar ese paso. Lo tenía en mente desde hacía años, incluso gané una V.P.O. super fashion que iba a ser el Melrose Place logroñés, pero el enorme pinchazo de la burbuja inmobiliaria de hace unos años paralizó el asunto, y la enorme incertidumbre en el trabajo hicieron el resto.

Fue hace unos 5 meses cuando decidí que ya era hora de emanciparme, a pesar de que la situación laboral no era precisamente boyante, pero estaba claro que era ahora o nunca. Y vivía (vivo todavía) muy bien con mi madre, y tenía mi espacio, mi independencia....pero no vivía en mi casa. Desde ese momento de mi decisión, apenas visité dos o tres casas, pero tuve la suerte con la última de ellas que cumplía todas mis expectavivas: céntrica, exterior, soleada, coqueta...y sobre todo, muy ajustada de precio. Y no me lo pensé dos veces: para mí.

Y como este tema puede dar mucho de sí, me ha dado por escribir un diario de a bordo para contar mis peripecias al mundo. Sed bienvenidos.